Un grupo familiar que creció en cuatro direcciones
El Grupo Santa Maria es un grupo familiar con sesenta y cuatro años de trayectoria, con sede en Guarapuava, en el estado de Paraná, en el sur de Brasil. Está organizado en torno a cuatro negocios principales. El primero es el papel: una fábrica que produce papel blanco. El segundo es la energía, donde el grupo opera tres centrales hidroeléctricas. El tercero es la reforestación, con bosques cultivados para la producción de madera. El cuarto es el agronegocio, centrado principalmente en el cultivo de granos como el maíz y la soja.
Estas cuatro áreas se incorporaron en distintos momentos de la historia del grupo, y cada una se sostiene comercialmente por sí misma. Lo que comenzó como una empresa industrial hoy abarca activos de generación, plantaciones y agricultura: una huella amplia para una compañía familiar, y una diversidad poco habitual de gestionar desde un centro corporativo.
Por qué la amplitud hizo más compleja la gestión del grupo
Una diversidad de este tipo difícilmente encaja en un único modelo de gestión. La disciplina industrial rige la planta de papel, donde la producción se mide en toneladas y tiempo de máquina. La energía responde a una lógica de mercado completamente distinta, marcada por la generación y la comercialización más que por corridas de producción. La actividad forestal trabaja con horizontes medidos en ciclos de crecimiento y hectáreas. El agronegocio se mueve al ritmo del calendario de siembra.
Ninguna de esas disciplinas se traslada de forma directa a otra, y la tecnología del grupo debía dar soporte a las cuatro sin diluir lo que hace que cada una funcione. Integrar esos frentes fue lo que llevó a Santa Maria a buscar una solución en el mercado: necesitaba una plataforma capaz de atender correctamente a cada operación, no un conjunto de sistemas que resolviera bien un área y el resto de manera aproximada.
Elegir pensando en el futuro, no solo en el presente
Cebula, con cerca de treinta años de experiencia en el sector, abordó la selección como un compromiso de largo plazo, más que como una compra. «Elegir un socio de ERP es una decisión muy importante y estratégica», afirma. «Más que hablar del presente y del pasado, hay que entender qué se quiere para la empresa en el futuro».
Ese enfoque definió las preguntas que se planteó Santa Maria. ¿Qué proveedores podían acompañar a todos los negocios a la vez? ¿De quién era la hoja de ruta que anticipaba el crecimiento y la adopción de nuevas tecnologías en los próximos años? Cebula insiste en que esto exige una conversación franca con los socios, de las que ponen a prueba la intención más que las funcionalidades. IFS, con una relación que ya suma dos décadas, podía responder en ambos frentes.
Un único sistema detrás de cada operación
Hoy, el ERP funciona como «la columna vertebral de la empresa», dando soporte de forma transversal a todos los negocios. Santa Maria utiliza múltiples módulos —desde manufactura hasta cadena de suministro, finanzas e impuestos—, de modo que el mismo sistema respalda una línea de producción, un activo de generación, una plantación y una cosecha.
El soporte llega por las dos vías disponibles en Brasil: el grupo trabaja directamente con IFS y también a través de socios. Cebula reconoce que las alianzas pueden atravesar dificultades, y señala que la accesibilidad es lo que permite resolverlas. «El punto principal es la apertura que ofrece IFS aquí en el mercado brasileño, donde podemos hablar con todos; si surge un problema, podemos alinearnos y encontrar una solución de forma rápida y ágil». Portosys trabaja junto a IFS como un socio clave en la operación diaria, disponible cuando hace falta aclarar o corregir algo.
Qué cambió: una visión única en lugar de cuatro
Si se le pregunta a Cebula qué fue lo que más cambió, la respuesta no es un indicador de proceso. Es la perspectiva. «Hoy podemos ver la corporación como un todo y visualizar los resultados de todas estas operaciones de manera integrada», explica. «Algo que antes no habríamos podido hacer».
Para él, esa es la principal ventaja que obtuvo el grupo. Donde antes el desempeño debía reconstruirse negocio por negocio, hoy la dirección puede evaluar la planta de papel, los activos hidroeléctricos, los bosques y las tierras agrícolas entre sí, y también en relación con la corporación que, en conjunto, conforman.
Dos décadas después, con la nube aún por delante
La relación ya es lo suficientemente larga como para que IFS anteceda a algunas de las áreas a las que hoy da servicio. La energía es el ejemplo más claro: un pilar del negocio actual, incorporado cuando el mismo socio tecnológico ya estaba presente. Para Cebula, esa historia demuestra algo concreto: un socio capaz de acompañar no solo el presente, sino también el futuro.
El siguiente capítulo ya está definido. Con IFS Apps10, el grupo todavía no está aprovechando todo lo que la herramienta ofrece en torno a la inteligencia artificial, y la migración planificada a IFS Cloud es lo que acercará esas capacidades. Es la misma lógica que guió la decisión original; por eso, el consejo de Cebula para quienes estén evaluando esta elección es directo: «Se puede confiar en IFS, un socio muy importante para el crecimiento de la empresa».